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Boxeo | Reinserción

La prisión de Teixeiro, cantera de boxeadores

En en la sala de boxeo de la cárcel de Teixeiro, una significativa cita recuerda la estancia de El Tigre allí: La confidencia corrompe la amistad; el mucho contacto, la consume; el respeto, la conserva. Tito, púgil profesional en la actualidad, abrió una senda que muchos quieren seguir: el boxeo en libertad.

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EL PATIO DE LA CÁRCEL. Los reclusos pasan las horas en la Escuela de Boxeo de Teixeiro mejorando su técnica y su pegada de cara a un futuro pugilístico fuera.

El entusiasmo de Chano y la obstinación de Carmelo son cómplices en esta historia en la que el verdadero protagonista es Tito Bestilleiro, que ingresó en la prisión de Teixeiro el 8 de abril de 1999, el mismo día en el que Chano organizaba una velada homenaje al Pantera Rodríguez, ex campeón de España de los pesados. Tito apuntaba maneras, pero aún estaba lejos de ser El Tigre: Me cayeron nueve años y me refugié en el boxeo para acelerar el paso del tiempo en la cárcel. Los monitores, Ángel y Eusebio, y el director de la prisión, Carmelo Vilches, un amante del boxeo, le ayudaron. Arrancaba enero de 2000 cuando Chano organizó la primera exhibición de boxeo en la cárcel.

Tito comenzó a crecer como púgil. Comía el menú-dieta, corría por las mañanas, hacía gimnasio a mediodía y guantes por la tarde, recuerda Eusebio. El chico del barrio de Mariñeiros daba la talla en las veladas que Planas organizó en la prisión. Fueron cinco. Una, hasta televisada. Imagínate, camiones, técnicos, periodistas, púgiles, público... La implicación de Carmelo fue clave, confiesa Chano. Vilches, avalado por la opinión de Planas, decidió probarle más allá de los muros de la cárcel. En noviembre de 2001 peleó fuera por primera vez: Acostumbrado al amarillo y al gris de dentro, al salir me desorientaba debido al colorido del paisaje. Estaba muy responsabilizado. Me jugaba mucho. Ganó y en marzo de 2002 participó en el campeonato gallego. El segundo grado de su condena le inhabilitaba para salir de la provincia, pero al celebrarse en A Coruña peleó y se proclamó campeón del superligero al ganar la final por K.O. en el primer asalto. Carmelo agilizó los trámites y obtuvo un permiso para que Tito participase en el Campeonato de España, en Isla, Santander. Tenía mucha ansiedad porque todos querían ganar, pero yo estaba obligado a ello. Sabía que perder significaba tirar por tierra todo lo logrado y ganando podía acelerar los plazos para alcanzar el tercer grado y salir de Teixeiro. Cada noche, tras pelear, dormía en la prisión de Santander. Fue subcampeón, aunque se ganó el cariño de todos, menos de los árbitros, que le birlaron el triunfo, apunta Eusebio. El éxito disparó la demanda boxística en prisión. La lista de espera llegó a 70 personas.

Hace un año, obtuvo el tercer grado y debutó profesionalmente el 25 de junio de 2004 con el sobrenombre de El Tigre: Recuerdo perfectamente aquella noche. Había 30 compañeros de Teixeiro que solicitaron expresamente un permiso ese día para ir a verme. Tenía que ganar porque se lo debía a mucha gente. Y ganó por K.O. Así se escribe la historia de la Escuela de Boxeo de Teixeiro y la de El Tigre, cimentada en la fe que depositaron unos hombres en la capacidad de sacrificio de otro. Tito se levanta a las cinco de la madrugada para trabajar en el muelle y se entrena por la tarde. Justo cuando está a punto de cumplirse el quinto aniversario del nacimiento de la Escuela...

Gran seriedad y disciplina

Los reclusos de Teixeiro que están inscritos en la escuela de boxeo se toman con mucha seriedad el trabajo. No falla nadie y los que no son capaces de seguir el ritmo se autodescartan. El nivel de autoexigencia es muy alto entre los internos, afirma Eusebio, uno de los monitores.