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Más deporte | Fútbol americano

Black Eyed Peas, en el descanso

José Manuel Moreno Rodríguez

Black Eyed Peas, en el descanso Ampliar
PANTALLA GIGANTE. Mide 48 metros y pesa 600 toneladas.

Fergie, la cantante de los Black Eyed Peas, va a ser la mujer más vista y, seguramente, deseada del mundo durante la retransmisión de la Super Bowl.

La escultural vocalista de largas piernas es propietaria mayoritaria de los Miami Dophins y una gran aficionada al fútbol americano que reconoce que "el cantar en la Super Bowl es algo con lo que siempre he soñado desde que presenciaba el partido con mi familia".

Ahora más crecidita es la voz cantante de un grupo que pondrá a bailar y a cantar a los 100.000 espectadores que vean el encuentro en directo y a los más de 150 millones de aficionados que lo sigan por la televisión norteamericana.

Fergie es la cara de los Peas que también tienen a Apl.de.ap, Will.i.am y a Taboo. Y que prometen un esfuerzo especial en el Cowboy Stadium con un show que será inolvidable, según Will.i.am. "Hemos tocado en la Copa del Mundo de fútbol ante millones de personas pero esto es la Super Bowl. Esto es América, una fiesta nacional y para nosotros es un gran honor".

La banda, originaria de Los Angeles, ha vendido 28 millones de discos en los últimos años y algunas de sus canciones se han convertido en habituales en los estadios de fútbol o en los pabellones de baloncesto o de hockey sobre hielo.

Por eso los aficionados escucharán su "Boom Boom Pow", el muy pegadizo "Let́s get Started" y el "Pump it" para animar a millones de aficionados que ante la televisión reconocen que el show de música del intermedio y las alitas de pollo y la cerveza que se come y se bebe en las fiestas es lo que más les interesa de la Super Bowl.

Unos 15.000 de los 100.000 aficionados que hoy llenen el Cowboy Stadium verán sólo una parte del terreno de juego y se enterarán de lo que pase en el centro del campo gracias a los monitores de televisión.

Porque sus asientos estarán en la zona donde se levanta la gran pantalla de televisión de 21 metros de alto y 48 metros de ancho que cuelga sobre el campo y que impide a los aficionados seguir en directo lo que sucede sobre la línea divisoria de las 50 yardas.

Jerry Jones, el propietario de los Dallas Cowboys, ha levantado el estadio más moderno del mundo, valorado en 1.200 millones de dólares, aunque por su deseo faraónico de ser el mejor se ha olvidado de miles de sus aficionados.

A los que el inmenso pantallón les impide ver el campo en su totalidad, aunque si la "end zone" donde se marcan los touchdowns porque esta mole de luz, color y sonido cuelga sobre el terreno de juego y bloquea la vista de muchos de los seguidores de los Green Bay y de los Steelers.