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Kilian Jornet, del esquí de montaña al ultrafondo

Criado en un refugio del Pirineo, Kilian Jornet desarrolló un profundo amor por la montaña. Con el tiempo se ha convertido en la referencia mundial del esquí de montaña, del que este fin de semana ganó su segunda Copa del Mundo consecutiva y de las carreras a pie del verano.

Juanma Leiva

Kilian Jornet, antes que nada, es un profundo amante de la montaña. Sólo partiendo de ahí se entiende de dónde saca las fuerzas para dominar con tanta autoridad las competiciones que se desarrollan en ella. En invierno, la exigente temporada de esquí de montaña, del que se coronó este fin de semana por segunda vez consecutiva campeón de la Copa del Mundo y que el próximo día 29 finalizará en la conocida Patrouille des Glaciars. Si gana, se habrá apuntado la Grande Course, título que otorga la victoria en las pruebas de más caché de la temporada y a la que también aspira la barcelonesa Mireia Miró, otra referencia mundial en la disciplina.

Después, en mayo, aparcará los esquís y se calzará las zapatillas para iniciar la temporada de carreras de montaña a pie, con apenas unas semanas de descanso.

Excusa. "Todo es una excusa para estar en la montaña. Intento ganar, pero luego no importa ser primero o último, porque hago lo que me gusta", confiesa. Escuchando su forma de tomarse las competiciones, uno piensa más en un montañero que en un atleta o esquiador: "Sí, soy un competidor, pero mi alma es de alpinista". Todo gracias a una educación de amor por el medio inculcada por sus padres desde el principio.

Se crió en un refugio en el Pirineo catalán. A los dos meses se puso unos esquís. No esquiaba, naturalmente, pero tres años más tarde sí. A los 13 años destacaba, a los 18 comenzó con las carreras. Luego los campeonatos y las copas del mundo, el Ultra Rail Mont Blanc (la prueba por excelencia del ultrafondo: 166 kilómetros con 10.000 metros de desnivel por los Alpes), Pierre Menta (el considerado Tour de Francia del esquí-alpinismo), récord de subida al Kilimanjaro... todo llegó solo. En la actualidad sigue en busca de retos y su fortaleza, de sobra probada, parece que sería de utilidad en una expedición ochomilista, algo que encajaría perfectamente con su filosofía. La pregunta es obligada: "Me lo han planteado y yo soy ambicioso. Es una disciplina que me encantaría intentar".