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Alpinismo | Expedición BBVA Annapurna 2012

Así se producen los accidentes en el Himalaya

La mayoría de los siniestros en montañas de 8.000 metros son evitables, pese a que la tecnología ha aumentado la cantidad de rescates.

Campo base del Annapurna, 22 de abril de 2012.- Nadie duda que el himalayismo es un deporte reservado a una elite. No obstante, es igualmente conocido que los accidentes en las montañas más altas del mundo están a la orden del día. Es raro el año en que no se produce una situación difícil en algun ochomil. Muchos de esos siniestros se solventan favorablemente, en gran parte gracias a la aparición los últimos años de helicópteros capaces de volar a alturas superiores a los 7.000 metros. Sin embargo, en otras ocasiones, las posibilidades de rescate son nulas, y una equivocación en mal sitio está abocada a terminar en tragedia.

Es evidente que, en determinadas circunstancias, son inevitables los accidentes provocados por golpes de viento, avalanchas, cambios de tiempo y caídas en grietas ocultas por la nieve. Incluso se producen situaciones "tontas", como tropiezos o resbalones, que a gran altura terminan de forma irreparable. No obstante, las causas más frecuentes de problemas serios en el Himalaya son las congelaciones y el agotamiento. Por regla general, para evitar la extenuación, la mayoría de los alpinistas calculan sus fuerzas para alcanzar la cumbre y descender hasta el campamento más próximo para descansar. Eso no significa que de vez en cuando las ansias por hacer cima, junto a la falta de oxígeno, nublen la mente de los montañeros, y se pongan en peligro, frecuentemente a la hora del regreso. Es ahí cuando, dependiendo de la hora -cuanto más tarde, peor-, la falta de luz combinada con el agotamiento ocasiona la desorientación y una desviación de la ruta que puede ser mortal.

Es cuando aparece el llamado "mal de altura" o "mal agudo de montaña" en sus formas graves, una enfermedad cuya peor cara son los edemas pulmonares o cerebrales, producto de un encharcamiento interno de los órganos, que puede conllevar consecuencias fatales. Escaladores que los han superado pueden hablar de ahogamiento, falta de raciocinio e incapacidad de hablar o de desplazarse. Son sin duda el peor diagnóstico en lugares inaccesibles, y si la ayuda no está disponible, provocan la mayor parte de los fallecimientos por falta de oxígeno.

Las congelaciones, por su parte, responden a dos causas, aparentemente fáciles de evitar salvo en condiciones extremas: la falta de oxígeno y la falta de hidratación. Como explica Carlos Martínez, médico de la Expedición BBVA-Carlos Soria Annapurna 2012, "el cuerpo humano necesita oxígeno para mantener los órganos vitales en funcionamiento. Cuando no tiene oxígeno suficiente, prioriza su uso en los órganos más importantes para la vida, y renuncia a mantener calientes las extremidades. Por eso se producen las congelaciones en las manos y en los pies".

Prudencia y experiencia, los antídotos

La imagen de grandes alpinistas con alguno de sus dedos amputados podría evitarse en parte si se hubieran utilizado bombonas de oxígeno, que muchos escaladores d altura evitan para no "manchar" su currículo de ascensiones. Aunque no siempre es garantía, debido a que la falta de hidratación también es clave; no beber suficiente agua puede provocar una catástrofe en las manos y pies de los alpinistas, que en muchas ocasiones se olvidan de beber por inapetencia o cansancio: "Si no se bebe suficiente, también se producen las congelaciones. El cuerpo necesita agua, y cuando no hay suficiente líquido circulando por el cuerpo, los vasos capilares de las extremidades se cierran. Eso provoca que la circulación de la sangre no sea buena, y ahí sobreviene la congelación", explica el doctor Martínez.

El modo de contrarrestar la aparición de cualquier síntoma es teóricamente simple: descender rápidamente de altitud, para disponer de más oxígeno. Por ejemplo, la expedición de Carlos Soria subió hasta los campos de altura todo un equipo de emergencia, compuesto por una camilla de rescate y una cámara hiperbárica hinchable: una cápsula de plástico con un hinchador de pie, capaz de albergar a un alpinista, y que a través de un aumento de la presión interna simula un descenso de altura de hasta 2.000 metros. Cuando es posible, los rescatadores acuden por vía terrestre, cargando con la equipación de salvamento, que incluye medicinas que alivien la situación del accidentado.

La mayoría de alpinistas, sin embargo, confían en la entrada en escena de los helicópteros, que en los últimos años han sido fundamentales para salvar la vida de muchos. Lamentablemente, los aparatos no siempre son capaces de ascender a la altura necesaria, pese a que en situaciones extremas se les retiran las puertas y los asientos para que tengan que cargar menos peso. En otros casos, el lugar concreto donde se encuentra el accidentado hace imposible el rescate, incluso mediante un socorrista descendiendo por un cable de acero.

Lo cierto es que la mayoría de los accidentes mortales que se producen en el Himalaya no se podrían haber evitado de ninguna manera. La mala suerte, la meteorología o lo imprevisible de la montaña convierten el ascenso de ochomiles en una aventura con riesgos inevitables. Sin embargo, como cualquier alpinista de renombre puede confirmar, la prudencia, el conocer los propios límites, la información correcta y la experiencia siguen siendo las mejores protecciones para evitar tragedias; Y lo son en cualquier montaña del mundo, y a cualquier altura.