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Tiger diseña su renacimiento

El estadounidense, que el domingo ganó el AT&T National, es el único que ha vencido tres veces este año, todas con un grande asomando por el horizonte.

Fernando López de Lorenzo

"Recuerdo que hace un tiempo la gente decía que no iba a volver a ganar un torneo. Sí, creo que fue hace seis meses. Bueno, pues aquí estamos", bromeaba Tiger Woods tras conquistar el AT&T National, su tercer torneo este año. El estadounidense ha vuelto al camino de la victoria, a enardecer a los aficionados del pulcro y serio campo de golf cada vez que destroza la bola, a ser temido por sus rivales y a ser, inmediatamente, el favorito en cuanto sostiene un palo de golf entre sus dedos.

Su compañero de partido durante las dos últimas jornadas, y segundo clasificado del torneo, Bo Van Pelt, lo resumió rápidamente: "Está jugando el mejor golf del mundo". Muy parecido a lo que dijo Graeme McDowell cuando sufrió al 'Tigre' en el Arnold Palmer Invitational. "Un placer ver al mejor de la historia haciendo lo que mejor saber: ganar torneos de golf", sentenció el norirlandés entonces. "Veo que las piezas se van juntando poco a poco", comentaba un comedido Tiger sobre el proceso de engrasar su perfecta máquina de jugar al golf.

Las tres victorias, el único que lo ha conseguido este año, han llegado de una forma similar (además de no ser la primera vez que lo hace, pues, en 2009, ya ganó los mismos torneos en semejantes circunstancias, entonces volviendo de una lesión). Todas, a pocos días de un grande, la medalla que le falta por colgarse este año. Un movimiento fríamente calculado, como si fuese el momento de meter miedo, de marcar territorio, de preparar el ataque definitivo, de diseñar el definitivo resurgir.

La primera llegó en el Arnold Palmer, a finales de marzo, justo antes del Masters de Augusta y tras 923 días acumulando polvo en sus vitrinas. Entonces, Tiger claudicó sin apenas oponer resistencia a la victoria de Bubba Watson en la lucha por la chaqueta verde. La segunda, el Memorial Tournament, cimentada en un soberbio golpe en el hoyo 16 del último día que anunciaba un capítulo más de su regreso, apareció a pocos días del US Open que finalmente venció Webb Simpson. Entonces, Woods lideró el torneo al término de la segunda jornada. Su golf le abandonó con crueldad en el mejor momento. Tiger terminó desquiciado, frustrado y a seis golpes de Simpson. La tercera ha vuelto a servir de aviso: el 19 de julio empieza el British Open, un torneo que no levanta Tiger desde 2006.

Tiger lleva cuatro años sin ganar un 'major'; cuatro años de lesiones; cuatro años de escándalos; cuatro años que podrían haber significado su final deportivo. En cambio, el orgullo del californiano ha pesado por encima de todo eso. El triunfo en el AT&T en Congressional, un campo mucho más fiero que el que vio a Rory McIlroy arrasar en el US Open de 2011, añade una muesca más a su maltratado revólver, pero, sobre todo, deja claro que no se ha rendido y que insiste en recuperar lo que perdió: un trono hecho casi a medida.

Los datos secundan este esperado despertar. Tiger, que parece haber resuelto el rompecabezas en que se convirtió su potente 'swing', es el jugador que menos golpes necesita para terminar cada 18 hoyos esta temporada: 69,04. Una cifra que le ha valido para ganar tres de los 11 torneos que ha jugado en 2012, para ser el segundo jugador que más campeonatos ha ganado en la historia del circuito americano (74, uno por encima de Jack Niklaus y a ocho de Sam Snead) y que le vuelve a convertir en el Tiger Woods que era antes; el indestructible Tiger que siempre fue.