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GOLF | RYDER

La Europa de Seve hace el milagro

Los europeos remontan en una jornada de individuales memorable, que engrandece aún más la gran competición que es la Ryder (13,5-14,5). Kaymer hizo el punto definitivo.

Fernando López de Lorenzo

Todos sabían que sería difícil. Todos sabían que ganar era un milagro. Todos sabían que los estadounidenses estaban pegándole mejor a la pelota, estaban putteando mejor y estaban siendo mejores. Pero todos creían que se podía lograr. Y la gesta llegó. Seve estaría orgulloso. Europa jugó de azul y blanco, jugó con el alma del cántabro, con el indomable espíritu inglés como bandera e hizo soñar con una remontada antológica, de esas que se recuerdan para siempre. Los europeos demostraron que la Ryder es la razón de ser del continente. Ese es el problema de los estadounidenses. Estados Unidos ha pasado a desear este trofeo mucho más que cualquier otro, pero Europa le lleva mucho terreno de ventaja. La Ryder de Medinah ha dignificado y mucho a este campeonato.

Los dos maravillosos días de golf que diseñó Davis Love III y su impresionante colección de golfistas el viernes el y sábado fueron insuficientes en la jornada del domingo. Los 12 individuales ennoblecieron a Europa y dejaron una memorable jornada de golf para la historia. Olazábal preparó el ataque con los mejores al principio y dejó la teórica solidez para el final. Metió a Donald, Poulter, McIlroy, Rose y Lawrie en sus cinco primeros partidos. Terminados esos cinco duelos, Europa había remontado los cuatro puntos de ventaja que tenían los norteamericanos. Había esperanza.

Donald no dio opción a Bubba Watson en el primero, sacó su mejor golf y destrozó a base de bien al estadounidense, intratable hasta ayer. Poulter se cruzó con una verdadera roca, Webb Simpson. El estadounidense desenfundó su maravilloso putt y apretó hasta el final. Pero el inglés tiene algo de lo que Simpson carece: Poulter entiende la Ryder, la vive, la siente y eso le hace invencible. McIlroy también tuvo un duelo de altura. Se las vio con Keegan Bradley, un magnífico jugador que, sin embargo, se pierde en sus descontroladas celebraciones y su comportamiento, indecoroso, con sus rivales. Lawrie fue otro espectáculo y Snedeker no pudo hacer nada frente al escocés. Rose y Mickelson protagonizaron una pelea impresionante. Su marcaje fue brutal, atacando banderas sin miedo, igualando hoyos con birdie en uno de los mejores encuentros de esta Ryder. De hecho, la impresionante victoria del inglés cambió el curso de la Ryder.

El nudo del domingo hizo sufrir muchísimo a Europa. Por ahí llegaron los primeros puntos de los norteamericanos. Colsaerts cedió ante la presión y perdió con Dustin Johnson. El belga erró un putt corto en el 10 para ganar el hoyo y, después, otro para empatarlo. Aunque levantó el encuentro, ese metro en el green del décimo hoyo pesó demasiado y Johnson no le perdonó en cuanto tuvo la oportunidad. Con McDowell desaparecido desde el viernes por la mañana, Dufner masacrando a un persistente Hanson y García inmerso en un durísimo combate con Furyk, la victoria parecía cada momento más cerca de Estados Unidos. Tocaba sufrir. Y mucho.

Sin embargo, el portentoso esfuerzo europeo hizo todo posible. Con Kuchar persiguiendo desesperado al mejor Westwood de la semana, la inestabilidad se centró en los encuentros de Kaymer-Stricker y Molinari-Woods. La Ryder se decidiría ahí. Antes, García ganó otro punto milagroso como ya hiciera Rose, ganando 17 y 18, Dufner terminó con Hanson y Westwood hizo lo propio con Kuchar. La Ryder estaba 13-13 y quedaban dos partidos. Al peso, Estados Unidos parecía muy superior. Tiger y Stricker contra Kaymer y Molinari. El italiano mantuvo al margen a Woods todo el día. Mientras, el alemán, sumido en una crisis que estuvo a punto de dejarle sin torneo, superó al veterano estadounidense en el último hoyo, con un putt impresionante de dos eternos metros. Estados Unidos falló donde menos se esperaba, cuando puso la Ryder en manos de su experiencia.

La Ryder la sentenció el alemán, pero la ganó Europa. Fue la Ryder de los extraordinarios Poulter y Rose sosteniendo a sus compañeros; la del honor de McIlroy; la de la resurrección de Kaymer; la de la histórica remontada en los siempre esquivos individuales; la de Sergio García, el capitán Olazábal y sus lágrimas; la mejor de la historia. La Ryder Cup de Severiano Ballesteros.