GOLF
McIlroy, mejor jugador del año
El norirlandés, imparable en 2012, se corona como el mejor golfista del PGA Tour, el circuito estadounidense. Cuatro victorias, con un grande incluido, le han valido para cosechar el galardón.
Fernando López de Lorenzo
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Pocas cosas le quedan a Rory McIlroy por ganar. El golfista norilandés, a sus 23 años, ha cosechado uno de los pocos galardones que le faltaban: el de mejor jugador del año del PGA Tour. Sólido número uno del mundo, ganador de la lista de ganancias del circuito estadounidense (Byron Nelson Award) con poco más de ocho millones de dólares, cuatro victorias este año, incluido el PGA Championship, su segundo grande, conquistado de forma aplastante y la Ryder Cup, el Harry Vardon Trophy (prestigioso galardón que se otorga al jugador con media de golpes más baja del año). Y lo que pudo haber sido, pues McIlroy se dejó la FedEx Cup por el camino. A pesar de este desliz, McIlroy ha resultado ser imparable y sus rivales, compañeros, amigos y sufridores así han reconocido esta excelente progresión.
La temporada de Rory McIlroy resultó demoledora desde el principio. Dejó escapar dos en Oriente Medio (correspondientes al Circuito Europeo) y, en su desembarco en Estados Unidos, falló cuando menos se esperaba en el Campeonato del Mundo Match-Play: en la final ante Hunter Mahan. Una semana después, aguantó el tipo ante Tiger Woods en el Honda Classic y se llevó su primer torneo del año, al que sucedió con un tercer puesto en el Doral, segunda prueba de los campeonatos del mundo (WGC). En sus cinco primeros torneos no había bajado del quinto puesto. Entonces algo se torció en su golf. El Masters le trajo malos recuerdos y McIlroy se abandonó en Augusta. Perdió el Wells Fargo en el playoff, falló los cortes de The Players, Memorial y US Open y se inmoló en el British cuando mejor lo tenía. En tres meses, McIlroy había pasado de dominar a sufrir.
Sin embargo, la pájara le duró hasta ahí. Trabajó, pulió pequeños detalles y volvió con su mejor golf en el PGA Championship en Kiawah. En Carolina del Norte, McIlroy destrozó a todo lo humano y lo divino, aplastó a sus rivales y ganó con ocho golpes de ventaja. Para sorpresa de todos, la exhibición que le llevó a su segundo grande (ganó el US Open de 2011) ha sido la que ha sacado su punto más crítico. "Sólo se nos juzga por nuestras victorias y este año, en ese sentido, ha sido impresionante con cuatro triunfos en Estados Unidos y otro en Dubai hace dos semanas", decía el norirlandés mientras preparaba su autocrítica, "pero hay algo decepcionante en este año, si es que puede haberlo, y es que sólo he estado en la pelea en un grande. El año que viene, aunque no los gane todos, me gustaría dejarme, al menos, una opción de disputarlos".
El PGA Championship trajo consigo otros dos triunfos más (Deutsche Bank y BMW) y un segundo puesto en la FedEx Cup, sólo explicado por otro inesperado tropiezo el último día del Tour Championship, torneo final del circuito americano. A pesar de la desilusión, fue entonces cuando McIlroy comprendió lo que había hecho. Su espectacular balance le ha servido para ser el mejor del año en el circuito más importante del mundo y por delante de los otros cuatro golfistas de gran nivel: Bubba Watson, campeón del Masters, Jason Dufner, doble ganador este año, Brandt Snedeker, campeón de la FedEx, y el todopoderoso Tiger Woods, triple vencedor esta temporada.
McIlroy, además, lidera a una generación de golfistas europeos que planean abandonar el circuito europeo e instalarse al otro lado del Atlántico. La abismal diferencia de premios que hay entre Europa y Estados Unidos ha captado la atención de los mejores jugadores de Europa, que no dudan en probar en el PGA Tour. El inglés Luke Donald ya completó el hito de McIlroy el año pasado, el irlandés Padraig Harrington también fue mejor jugador del año en Estados Unidos en 2008 y la superioridad en las últimas Ryder Cup son hechos que han demostrado a los golfistas europeos que tienen mucho que decir en el prestigioso circuito americano.
