Polideportivo

Polideportivo

polideportivo
polideportivo

Alfredo Evangelista

"Ali me dijo que casi le gano y que pasó miedo en los últimos rounds"

Hace 35 años fue campeón de Europa, el único español en medirse con Ali... ¿Cómo es su vida ahora?

Vivo desde hace dos años en Zaragoza. Entreno en un gimnasio y en el polideportivo de Zuera. Aquí tengo el calor de mi familia y estoy tranquilito, fuera del foco de Madrid. Cuando te bajas del ring eres otra persona. Abajo cambia todo.

¿Cómo ve el boxeo ahora?

Bajó mucho. Antes había más necesidad, más hambre. Comer todos los días era difícil y lo que hacías era meterte en un ring para ver si tenías suerte.

¿Tanta diferencia hay?

Ali, Frazier, Foreman... Eran máquinas. Yo cogí una época muy difícil. Capaz que hoy hubiera ganado el título mundial. Hoy los campeones del mundo no tienen el nivel de antes.

Ali... ¿Cuántas veces ha visto su pelea contra él?

¡Uy! Muchas. Capaz que unas veinte. Con alguien o solo... A veces, cuando estoy bajo de moral, me gusta verme. Por lo que he hecho, por enfrentarme con ese hombre tan grande.

Dijo antes de la pelea: "Si pierdo, no pierdo nada, pero si gano, gano el mundo...".

Perder por puntos, en 15 rounds, fue un triunfo muy importante. El mundo se puso a mis pies. Ali me dio la llave de la fama, del dinero y del respeto.

Fue en el avión cuando supo que iba a pelear con Ali...

El día antes me llamó Martín Berrocal: "Alfredo, mañana nos vamos a París". Yo pensaba que era a firmar el campeonato de Europa. El avión era americano, de la TWA, pero no me extrañó. Sólo había cogido uno cuando vine de Uruguay a España. Ya subidos, Martín Berrocal me dijo: "Vamos a Nueva York a preparar el combate de Clay...". Me entró una parálisis No podía creerlo. Fue la mayor alegría de mi vida.

¿Se hubiera subido si le avisan que iría a pelear con Ali?

Igual. Lo mismo. Me sentía fuerte, con mucha ilusión. Pensaba en la familia Quería traerla. Mi mujer iba a tener el primer hijo... Y esas cosas me daban fuerza para todo.

Los primeros asaltos estaban asegurados por publicidad...

Lo hacía con todos, no sólo conmigo. En los primeros rounds, si él hubiera querido, me hubiera sacado. Yo estaba impresionado, precavido, alerta... Pero fue dándome cancha, confianza, y le perdí el respeto.

Viendo el vídeo, hay veces que piensa que puede ganar

¡Hasta me pongo nervioso! Es bonito ver el combate. Hay dos fases. En una él juega conmigo, para aquí, para allá... Y yo aguanto. Le estudié y, a partir del sexto round, cuando él apretó, no me fui para atrás, me tiré encima y empecé a darle trompazos por todos lados. Creo que si la pelea hubiera sido fuera de Estados Unidos me hubieran dado ganador a mí por puntos. A veces digo, si en esta mano él hubiera caído...

¿Arriba pensó alguna vez en aquellas peleas Ali-Frazier que vio en la tele de su vecino?

Yo era de una familia muy pobre. No teníamos ni agua. Imagínate televisión. Un vecino nos dejaba verla en su casa y ver a Ali en blanco y negro, de niño, y pelear con él diez años después Eso no le cabe a nadie en la cabeza. Ali tenía 35 años, pero aún era joven. Fui campeón de Europa, peleé con campeones mundiales, pero Ali está ahí. Es eterno. Eso no se borra nunca más en la vida.

Y después de Ali, el título Europeo, instalarse en el cielo...

Fue a los dos meses. Le gané a Lucien Rodríguez, un francés. Hice un combate... Después, las cosas, la juventud, me creí un poco que era el mejor. Te das cuenta después, pero aún así, iba ganando, retenía el título y fui campeón ocho veces.

El boxeo le viene de padre...

Yo no quería, ¿sabes? Pero mi padre: "Tenés que ser. Dale, vístete, al gimnasio". "No papá, dejame ir a jugar". "¿Qué vas a jugar? Vamos". Y me llevaba al gimnasio quince días, otros diez... Y así me lo fue metiendo. Hasta que él se fue buscando las Américas y yo solito agarré el bolso y me fui al gimnasio.

Es superviviente desde niño. Incluso pasó una meningitis

Me puse a ver un partido y me dio como una insolación. Era meningitis. Los médicos me dieron para dos o tres meses. Y en mes y pico, fíjate, lo fuerte que era, me recuperé.

Se crió en un barrio que se llamaba Villa Española ¿Qué era España entonces?

Yo a España no la conocía de nada. Pero cuando me salió el contrato para venirme no lo pensé. Mi madre me decía: "Alfredo cómo vas a ir, solo, joven". Pero me vine. Tenía 19 años.

¿Recuerda la primera pelea?

Con Visini, un italiano. Gané en el primer round por KO. ¡Imagínate! La gente ya me decía que era una figura. Después peleé con Lovell, ya un primera serie. Y en el segundo round gané por KO. Ahí salté de tercera categoría a primera.

¿Cuánto dinero se podía ganar entonces por pelea?

Con Visini 25.000 pesetas. Un dineral, eh. Hablo de 1975.

Destacaban su movilidad

Lo mío era la velocidad. Y tenía un gancho de izquierda muy bueno. Ese era el que me daba todos los combates por KO.

Hasta Frazier lo elogió cuando se preparaba para Spinks

Siempre me acuerdo. Me dijo que yo tenía algo de él, el gancho de izquierda. Y para mí, eso es... Imagínate. Un orgullo.

¿La derrota más dura?

Con Holmes. No tenía que haber peleado. Tenía otitis... Y también un contrato firmado por 300.000 dólares. Le dije a Martín Berrocal: "No quiero". Pero si no lo hacía ya no podría pelear más por el título mundial.

Se retiró joven, a los 33...

No tenía fuerza de voluntad para entrenar y le dije a mi familia: "Lo que no me han pegado en años, capaz que en uno van y me rompen la cara". Por eso fue. Y no lo echo de menos. A veces me entra el gusanillo y vengo al gimnasio, hago guantes, manopla, saco...

En 1980 ganó 100 millones de pesetas que se esfumaron.

Una vez perdí el campeonato de Europa, fui a hablar con Martín Berrocal para arreglar cuentas y lo que me quedaba para cobrar era muy poco. Yo pensaba que tenía mucho más. No lo administré bien. Pero todo fue culpa mía.

¿Duele ver su nombre relacionado con cárcel y drogas?

Es una cosa que pasó, pero estoy al día con la justicia. Más bien pagué el apellido, el nombre. No porque me cogieran con esto o lo otro, simplemente, por ser quien soy. Pero lo supe asimilar, lo aguanté y lo pagué.

¿Alguna vez en la cárcel pensó: "Pero qué hago yo aquí"?

Sí, allí te pones a pensarlo, pero la vida da tantas vueltas que a veces Yo nunca pensé que me pasaría eso, la verdad.

¿Fue su familia siempre su mejor defensa ante la vida?

Han estado siempre ahí. En las buenas y malas, siempre. Cuando dejé de ser quien fui me di cuenta de quiénes eran mis amigos. Antes me iba con todos los que venían a quitarme.

Otro golpe de la vida. También peleó contra el cáncer...

Fue de vejiga. Estuve seis meses en el Clínico de Madrid y a punto de ir a Houston. Bajé 40 kilos... Pensé que me iba, la verdad... Pero me curé, me curé...

¿Qué piensa cuando mira el cinturón de campeón?

Lo enseño mucho... Y siempre digo: "Todo lo que me ha costado". Muchas hostias, ¿sabes? Este es de mi hijo, se lo regalé.

¿Guarda los guantes de su combate con Ali?

Sólo el izquierdo. El derecho se lo di a Martín Berrocal.

¿Le impresiona verle tan afectado con el Parkinson?

Todo lo que ha sido ese hombre, todo lo que ha dado al mundo y verle así... Es jodido, sí. Hace siete años le vi en Las Vegas y, aunque ya lo tenía, él lo disimulaba con su alegría y sus bromas. Ali como persona es excelente. Pero deportivamente siempre quería ganar antes de subirse al ring.

¿Alguna vez le dijo: "Alfredo, que casi me ganas"?

Sí, él me lo dijo. Que yo tenía muy buenas condiciones y había tenido un poquito de miedo en los últimos rounds, que hubiera podido ganarle. Fíjate, a veces contarlo es difícil. Lo bonito era vivirlo, oíste. Lo que viví con él no lo he vivido con nadie. Hablo de un monstruo, de Ali, de Clay, es como hacerlo de Dios.

¿Se arrepiente de no quedarse en EE UU tras la pelea?

Ese fue mi fallo. Me dijeron que me quedara. Una persona blanca... Tenía posibilidades de todo. No lo hice por la familia.

Otra pelea que marcó su carrera fue la de Urtain.

Ali me dio la llave del mundo y Urtain la de ser número uno en Europa. Le gané por KO en cinco rounds. Estaba todo roto y aguantó ahí, aguantó Era un pura cepa. La mejor ensalada que he comido me la hizo él. Era buen cocinero y buena persona. Fuimos muy amigos.

¿Recuerda su muerte?

Me quedé de piedra. Hay que tener mucho valor para tirarse de un décimo. Yo no lo haría. Estaría ahogado, hasta el cuello, pero quitarme la vida... Cómo estaría para hacerlo.

Rollán, Urtain... ¿Por qué muchos deportistas acaban así?

¿Sabes qué pasa? Cuando eres tan famoso, no sabes asimilar que la gente te olvide. Yo lo asimilo. Bastante. Y mira que me han dado palos. Muchos. Pero es difícil. ¿Tú sabes lo que es tener todo a tu alcance y verte, de la noche a la mañana, en la calle o pidiendo o que te desprecie la gente? Es difícil, muy difícil...