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Balonmano | SEMIFINALES | ESPAÑA 26 - ESLOVENIA 22

La selección consigue la meta de colgarse la medalla

Los de Valero Rivera superan con claridad a Eslovenia y el domingo jugarán la segunda final de su historia. El guardameta Sterbik y Cañellas destacaron en España.

Enrique Ojeda

Barcelona

La selección consigue la meta de colgarse la medalla Ampliar
El extremo de la selección española Víctor Tomás celebra un gol marcado a Eslovenia durante la semifinal del Campeonato del Mundo de balonmano España 2013 que disputan hoy en el Palau Sant Jordi de Barcelona. | Alberto Estévez

España jugará el domingo su segunda final de un Mundial. No podía ser de otra manera por mucho que Eslovenia inquietase a los nuestros, por más que los eslovenos hayan sido la revelación, por más que el ambiente de la Selección se encargase de enfriar el optimismo.

No se puede decir que Eslovenia fuese el coco que trataron de inculcar unos y otros, aunque sí es cierto que cumplió alguna de las previsiones, sobre todo que no se rinde, que es como el tábano que acosa a las vacas: siempre está ahí y si no se le espanta, pica y pica, como cuando remontó cuatro de los cinco goles de déficit que llevaba en la primera parte y casi iguala el marcador al descanso. Porque España pudo haber roto el partido cuando Valero completó un 6-0 con Morros, Guardiola, Maqueda y Cañellas, pero en ese momento hubo algunos despistes de equipo y, lo que con tanta paciencia se había conquistado, se esfumaba en nada.

Ayer, sin embargo, dos hombres tuvieron un protagonismo especial: Sterbik, que se quitó su espinita personal del choque ante Alemania, y Cañellas, otro de los jugadores totales de la Selección, porque defiende, ataca de central, le mandan al lateral, al extremo si es preciso, y tira los penaltis. Es, sin duda, un jugador para todo, que dirigió al equipo en la segunda mitad, marcó diferencias y mandó contragolpes.

Y en esta segunda mitad ya no hubo regalos. Ahora los de Valero al grito “Hispanos a ganar” buscaron el botín desde la primera defensa; no perdieron balones y aprovecharon hasta cinco contragolpes. Goles fáciles, para marcar distancias, para agotar la resistencia de Eslovenia, donde se pedía paciencia desde la propia impaciencia de ver cómo se consumía el tiempo sin capacidad de reacción. Skof, que por momentos estuvo en más de 40 por ciento, dejó de parar, y sólo Dolenec y Marguc andaban finos.

El éxito era llegar a las semfinales. El objetivo, ganar una medalla. Y ahora queda la verdadera gloria, el éxtasis. Eso es el oro. El domingo sabremos si hay quien pueda con este grupo, si el Sant Jordi mejora un poco su apoyo, que contra Eslovenia quizá no se necesitó en exceso a tenor de cómo iba el partido.