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Polideportivo | RUGBY | SEIS NACIONES | INGLATERRA 38 - ESCOCIA 18

Inglaterra no encuentra a su viejo enemigo escocés

El equipo de la Rosa se llevó de nuevo la Copa Calcuta con autoridad rutinaria frente a una Escocia que se diluyó otra vez en Twickenham.

Mario Ornat

Inglaterra se ha acostumbrado a los ejercicios de autoridad frente a Escocia. La Copa Calcuta, un viejo asunto que los enemigos dirimen cada año desde 1879, una costumbre adquirida por los soldados británicos en la India, ha derivado en un encuentro de rutas previsibles. Inglaterra ha ganado, con la de ayer, diez de las últimas catorce. Su victoria por 38-18 tuvo el sabor metálico de su estilo actual, con pocas concesiones en ninguna dirección: ni a las alegrías del juego, ni desde luego a los rivales. Fue un encuentro de bayoneta calada, poco vuelo y sutilezas recogidas en hombres recién llegados hace poco al primer equipo inglés, sobre todo Launchbury y el ayer debutante Twelvetrees, que se estrenó como primer centro con un ensayo y debió ser hombre del partido. Pese a la marca inicial de Maitland (3-5) para Escocia, Inglaterra siempre movió la tramoya del juego con el sordo trabajo de sus grandotes y su autoridad física en los encuentros. Y donde no le llega la imaginación, alcanza el pie de Owen Farrell: el apertura convirtió seis de siete patadas a palos y le dio a su equipo el soporte de puntos (15) para poner a Escocia bajo el pulgar.

El choque arrancó con un golpe anotado por Farrell y acabó con una marca de Danny Care, el eléctrico medio de melé inglés, que había relevado a Ben Youngs cuando el partido ya tenía anudadas todas las posibilidades del desenlac. Care representa la vía grácil, ligera, del juego inglés, pero el entrenador Lancaster prefiere un equipo sin aristas poéticas. Youngs y Farrell de medios, Goode de zaguero, Ashton y Mike Brown en las alas. Y va cincelando el modelo, que parece comportarse con creciente fiabilidad, sin que le molesten demasiado las opiniones acerca de la estética. Inglaterra es un equipo amartillado al que va a resultar difícil meterle mano en este Seis Naciones. Pero también es un bloque que, en su mineral convicción, deja muchas preguntas en el aire.

En cualquier caso, Escocia no está ahora mismo capacitada para responderlas. El equipo del Cardo recorrió el camino habitual en el debut de Scott Johnson como seleccionador: un arranque prometedor, algunas acciones notables en el juego cerrado, amenazas de sus corredores Maitland y Visser, el pie de Laidlaw para mantener a distancia a los ingleses (9-8 en el 20’), dos ensayos de los que colgarán algunos voluntaristas juicios positivos. Pero en cuanto Inglaterra apretó el acelerador, movió un par de veces la cintura Twelvetrees en sus cargas en el medio campo y calaron el arma los de delante, Escocia empezó a hacerse aire defensivo.

Ashton fue el primero en posar para la Rosa, después de una larga batida de fases inglesa. Farrell estiró a 19-11 al descanso tras un golpe concedido por Beattie, uno de los pocos con iniciativa de Escocia, por un placaje alto. Sin alharacas estéticas, como el partido, Inglaterra tensaba la cuerda. Al regreso del intermedio, Twelvetrees se fue irrefrenable a buscar el relanzamiento de un ruck a las puertas de la zona de marca escocesa. Nadie lo pudo detener. Ya era 24-11 y tenía un aspecto familiar. Escocia había rendido todas las armas. Aún hubo una marca anulada a Inglaterra por golpe anterior de Tom Youngs, antes de que su hermano Ben se colara entre todas las torres escocesas, que parecían perseguir una gallina con el lomo vencido, e Inglaterra virara el juego de lado a lado en la continuación. Farrell estuvo ahí ágil en la lectura y brillante en el pase y largó un balón por encima de la desnortada defensa del Cardo. La pelota dibujó un salto múltiple de sus centros y ala y encontró de palomero al otro lado al enorme Parling, el otro segunda, que se metió en el ensayo sin oposición. Otro premio para el front-five inglés, dominador del partido. Especialmente los segundas, Launchbury y Parling, una plataforma gigantesca para cualquier equipo.

De ahí al final quedaban 20 minutos y nada más sustancial que resolver. Con 31-11 y todo hecho, la acción derivó hacia una galería de singularidades. Estaban en el campo las segundas unidades e Inglaterra manejó sin problemas el asunto. Hubo decisiones y ejecuciones por debajo de los estándares. Un dejarse llevar general entre el jolgorio de Twickenham y su Swing Low, Sweet Chariots, espiritual de cuna de antiguos esclavos negros que le viene muy bien a la grada de Su Graciosa Majestad para sacudirles a los viejos enemigos escoceses. Hogg anotaría un contraataque para Escocia tras una patada a seguir. Un canto de cisne más bien agrio, que explicaba el estado de laxitud final del encuentro. El epílogo lo puso Care, colándose bajo palos como una anguila eléctrica, desde el pie de un ruck. Inglaterra descontó la tradicional batalla y se prepara ya para otras más exigentes. Ahí habrá que ver su estatura real de candidato.