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Manyonga: de adicto a la metanfetamina a saltar 8,62

ATLETISMO

Manyonga: de adicto a la metanfetamina a saltar 8,62

Manyonga: de adicto a la metanfetamina a saltar 8,62

El sudafricano hizo la marca de siempre de África y su salto se convierte en el mejor registro mundial de los últimos ocho años.

De adicto al cristal de metanfetamina a plusmarquista de África en longitud. Es la historia del sudafricano Luvo Manyonga, que el pasado viernes en Pretoria saltó 8,62, el mejor registro mundial de los últimos ocho años. De 26 años, Manyonga, un niño prodigio de la longi (tenia 8,21 a los 20), ya saboreó la gloria con la plata olímpica en Río 2016, pero antes del éxito… tuvo que “escapar del diablo”.

Las alarmas saltaron en 2011, cuando el dinero que ganaba con sus tempranos triunfos (oro mundial júnior) se desvanecía rápidamente. ¿Qué sucedía? Luvo consumía drogas. Su familia intentó ayudarle y que no afectase en su vida deportiva. Pronto la realidad se impuso. Manyonga dio positivo en un control fuera de competición por Tik (una variación del cristal de metanfetamina), que se consumía en Ciudad del Cabo. Fue sólo un aviso. Pero no paró y en 2012, tras una prueba, volvió a pitar. El prodigio del salto admitió su adicción y entró en un programa de rehabilitación, mientras veía como pasaba el tiempo sancionado. Primero le cayeron dos años, luego se le redujo a 18 meses por “las circunstancias excepcionales a nivel social que tienen muchos atletas de raza negra en Sudáfrica”.

Cumplió la suspensión y el lado negativo volvió a su vida. En 2014, con el permiso de competir en sus manos, su entrenador Mario Smith falleció en un accidente de tráfico, cuando iba a ver a Luvo. Apareció para rescatarle la Universidad de Pretoria, que le ofreció entrenarse allí y una ayuda económica. El atleta prometió no volver a Ciudad del Cabo: “Allí es donde me cito con el diablo”. En 2015 ya estaba de nuevo en acción… y un año después era subcampeón olímpico y este viernes era el plusmarquista de África. Su próximo objetivo es el récord mundial, como reconocía a The Guardian: “Nací un 1991, el año en que Powell hizo 8,95. Es una señal”. Lo más difícil ya lo ha hecho… ya sólo tiene que volar.

Así fue su salto:

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