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Domingo, 26 de Mayo de 2013

JUEGOS OLÍMPICOSHistoria

1896 | ATENAS

Atenas

Cartel anunciador de los Juegos Olímpicos de Atenas de 1896

El primer héroe fue Spiridon Louis

ÁNGEL CRUZ

El primer héroe olímpico de la Edad Moderna fue un griego llamado Spiridon Louis al que unos adjudicaban la condición de pastor, otros de aguador y otros de mensajero. Fue el primer icono de una competición nacida en la Grecia Clásica, muerta después y reimplantada por el barón Pierre de Coubertin. El aristócrata francés lanzó la idea en La Sorbona, en París, el 18 de junio de 1894, ante representantes deportivos de once países: había que resucitar los Juegos.

Propuso Paris y el año 1900 como lugar y fecha para la primera edición, pero se decidió que se celebrasen cuatro años antes, en Atenas, como homenaje a Grecia, el país que los había creado. La propuesta llegó del griego Demetrius Vikelas, que fue elegido como primer presidente del Comité Olímpico Internacional. Se celebraron en el viejo estadio Panatinaikón, restaurado altruistamente por el millonario George Averof, al que se recompensó erigiendo una estatua con su efigie. Los Juegos comenzaron el 6 de abril de ese 1896 y acudieron 80.000 espectadores, la mayor cifra alcanzada jamás hasta ese momento en una competición deportiva.

Participaron 241 deportistas de catorce países. Los Juegos estaban reservados sólo a los hombres. Ese mismo día se proclamó al primer campeón, el estadounidense James Connolly, que venció en triple salto. El juez de la prueba, al anunciar los resultados, resaltó que Connolly había llegado más lejos, pero que los saltadores griegos tenían mejor estilo. El norteamericano era el primer campeón olímpico en 1.503 años.

Pero el héroe fue Spiridon Louis, un personaje rodeado siempre por sombras misteriosas. No está claro a qué se dedicaba, quién era, que hacía, por qué se enroló para correr una distancia tan inhumana… Pero venció en la prueba, que discurrió entre las llanuras de Maratón y Atenas, aproximadamente sobre 40 kilómetros. Se trataba de conmemorar la famosa batalla de Maratón, en la que los griegos derrotaron a los persas. Según la leyenda, la noticia de la victoria la llevó a Atenas Filípides, que falleció a causa del esfuerzo tras decir "¡Alegraos, hemos vencido!".

Spiridon Louis fue tratado como un héroe, recibió regalos incontables y se convirtió en un mito. Una millonaria estadounidense había prometido que se casaría con el ganador de la carrera, pero no cumplió su compromiso al comprobar que la figura endeble del campeón no se correspondía con la imagen idílica que tenía de los griegos, tal vez basada en la contemplación de las estatuas de Fidias. En la otra prueba mítica del atletismo, la de los 100 metros, venció el estadounidense Thomas Burke, el único de los sprinters que en la salida adoptaba la posición actual, con cuatro apoyos. La prensa de la época se hizo eco de su triunfo "a pesar de lo incómodo de su postura de salida".

Alfred Gutmann ganó para no ahogarse

Las competiciones de natación se hicieron en las cercanías de El Pireo, en mar abierto, y en la prueba de 1.200 metros se impuso el húngaro Alfred Gutmann, llamado Hajos, que ganó... para no ahogarse, según confesó después. Los organizadores llevaron en tres lanchas a los nueve participantes a esa distancia de la costa, les subieron a unos barcos y desde ellos se echaron al mar, que no estaba precisamente tranquilo, porque el calor tórrido de días anteriores se había convertido en frío y la calma en fuerte viento. Hasta tal punto la temperatura era baja, que Hajos se había embadurnado el cuerpo con grasa, como hacen los nadadores que intentan atravesar el Canal de la Mancha u otros estrechos poco cálidos.

Sin embargo, no podía con las olas de hasta tres metros de altura, y decidió retirarse, porque se le acababan las fuerzas. "Mi deseo de vivir era superior a mi deseo de ganar", dijo después en frase lapidaria. Las previstas lanchas de rescate brillaban por su ausencia y Gutmann no tuvo más remedio que seguir para salvar su vida. Luchó de forma heroica y finalmente llegó a la costa como vencedor. Por fin aparecieron las barcas de rescate, que ayudaron a otros infelices nadadores. Sólo tres de los nueve competidores llegaron a la costa.

Hasta tal punto causó sensación su gesta, que en la recepción final ofrecida por la Casa Real, el rey Jorge se acercó al magiar y le preguntó: "Dígame, muchacho, ¿dónde aprendió usted a nadar de esta manera?". La respuesta de Hajos, al que las fotos de la época muestran como un dandy de pelo escrupulosamente peinado y fino bigote de perfecto dibujo, no pudo ser más sencilla y obvia, pero implicaba también una cierta burla: "En el agua, majestad". El vencedor de las aguas bravas de El Pireo, arquitecto de profesión, diseñó tiempo después la primera piscina en la isla húngara de Santa Margarita, en pleno río Danubio. Sin olas, claro.

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